Categorías
Sin categoría

Chile: de la estabilidad al pandemonium

Chile, de historia atribulada, como toda América Latina, ha conocido unos años de crecimiento económico y estabilidad política, que aparentemente se rompieron, súbitamente en 2019, al hilo de una subida del precio del transporte público. Cada vez asistimos con más frecuencia en el mundo del siglo XXI a súbitos estallidos de violencia que recuerdan el tipo de revueltas del Antiguo Régimen, de la época de la historia Europea anterior al período de las Revoluciones, tal y como documentaron Rude . Muchos de esos estallidos súbitos de violencia eran provocados por subidas de precios de productos de primera necesidad -y hablar de primera necesidad es hablar de pan-. Con independencia de mirar lejos hacia atrás, hay otros ejemplos recientes, donde revueltas aparecen provocadas por cambios súbitos en los precios. Por ejemplo en las «primaveras árabes», en concreto en la primavera egipcia, se ha documentado una relación estrecha entre la subida del precios del pan en el mercado mundial consecuente a malas cosechas en China resultado de la sequía (probablemente vinculada al cambio climático) y la incapacidad del Estado Egipcio para abastecer de pan a precios razonables a su población. Hay otra similitud interesante: tanto Egipto como Chile habían vivido unos años de crecimiento económico y de crecimiento de la población. El crecimiento de la población en Chile es realmente notoria, aunque inferior a la del conjunto de América Latina. Entre 2020 y 1950 el total de la población de América Latina se ha multiplicado por 3,9 y el de Chile por 2,9. La tasa quinquenal de crecimiento ha venido descendiendo a un ritmo similar al de América Latina. En el período 1955-1950 era de 21,7 en Chile y de 27,2 en el conjunto de América Latina y en 2015-2020 es, respectivamente de 7,7 y 10,0 respectivamente. El crecimiento del PIB de Chile ha sido el más sostenido de América Latina. Y la desigualdad de renta, tal y como se mide con el Índice de Gini, ha venido cayendo en los últimos años (como ha sucedido en toda América Latina, con algunas excepciones en el último quinquenio).

El 40% con la renta más baja, aparentemente ha mejorado en Chile en los últimos años de modo sostenido.

El PIB de Chile ha crecido más deprisa que el PIB de América Latina (el milagro chileno).

Pero ciertamente el Producto Interior Bruto per Cápita viene cayendo de modo ininterrumpido desde el 2010

Así pues, el «milagro» del crecimiento económico chileno parece que ha llegado a su fin. En este contexto de estancamiento de la Renta per Cápita aparece la tercera similitud con la situación previa a las primaveras árabes: la incapacidad de las élites para crear un dialogo nacional que aísle a los discursos y elementos extremistas y haga posible poner en marcha políticas inclusivas, antes de que emerjan los «disturbios». Y no es que no existieran señales; otra cosa es que estas lleguen al Consejo de Ministros y a los Consejos de Administración. El agotamiento del sistema de partidos para gestionar correctamente la evolución del país fue advertida antes de la emergencia de los «disturbios» -mucho más meritorio que hacerlo después- por atentos investigadores radicados en Alemania. Por otra parte, aunque muchos «expertos» lo desconocen, hay evidencia histórica que pone en relación la emergencia de conflictos con violentos con el fin de los ciclos de crecimiento (y el crecimiento de las huelgas con el inicio de los ciclos de crecimiento). Si, como todo apunta, en Chile saldrá adelante la aprobación de la Reforma de la Constitución (falta por saber en cual de las versiones), la oportunidad de ampliar el espacio político y reformar el Estado para hacerlo más eficaz y menos corrupto está abierta. Los riesgos de que el país se suma en la violencia son grandes, aunque no todo parece negativo, porque el sistema ha mostrado cierta capacidad de evolución. Sin duda alguna serán necesarias políticas expansivas, que protejan a los más vulnerables y corrijan los desequilibrios territoriales en la inversión publica. Sin duda, para que el proceso abierto tenga éxito, será necesario aislar tanto a quienes, inasequibles al desaliento, se apuntan al quiliasmo (resucitando a Manuel Lacunza), como a aquéllos que desde dentro del Estado, tratarán de aprovechar la coyuntura para apropiarse de bienes que no les pertenecen, bajo la cobertura aparente de atender «demandas populares». Esta «técnica», claramente corrupta, es muy frecuente antes, durante y después de las «revueltas populares». En el entorno del Presidente Piñera pululan «buitres» listos para abalanzarse sobre cualesquiera activos. Y esto es percibido así por la población, pues mientras la percepción de la corrupción cotidiana es relativamente moderada (entre 1% y 4%) y la «tolerancia» a la corrupción alta (14%) la percepción de que el sistema político está altamente corrompido es muy alta (46% cree que la corrupción está generalizada entre los funcionarios públicos) y que una parte importante de los políticos está implicada en la corrupción ( el 43% cree que son más de la mitad de los políticos): un caldo de cultivo explosivo.

Fuente LAPOP